lunes 21 de noviembre de 2011

Violencia contra la mujer en los clásicos: La afrenta de Corpes en el Poema de Mio Cid



Intentamos cambiar los siglos de violencia contra la mujer, que siempre ha sido el foco de los odios ajenos (hacia sus padres, maridos, etc.) y  ha sufrido las venganzas que no le correspondían en carne propia. Para recordar todo esto, nuestra historia de la literatura tiene muchos ejemplos como el fragmento que transcribo del Cantar de la afrenta de Corpes.

Aunque no tenga base histórica alguna este Cantar es una de las leyendas más populares de la saga cidiana. Se trata de la de los condes de Carrión o infantes de Carrión, nobles que, por mediación real, lograron casarse con los hijas del Cid, Sol y Elvira. Dos años estuvieron junto al Cid en Valencia y en una batalla parece que no combatieron a satisfacción del Campeador, que de vuelta a palacio ordenó a sus criados que soltaran un león para poner en evidencia la cobardía de los infantes. Ridiculizados estos, dice la leyenda que se reivindicaron, metiendose en lo más recio de otra confrontación con los moros... Luego, regresaron a Castilla con sus esposas y con un hondo rencor hacia el Cid. Llegados al robledal de Corpes, acamparon con sus esposas, haciendo seguir a su escolta. Allí las desnudaron y, atándolas a un árbol, las azotaron con las cinchas y las pincharon y torturaron con sus propias espuelas. Después prosiguieron su camino, dejándolas abandonadas, con sus cuerpos cubiertos de sangre.
Primero, como curiosidad, el enlace a las páginas de la Biblioteca Virtual Cervantes del Poema de Mio Cid en su versión original, pp. 88 y 89 del manuscrito de Per Abbat:



En el robledo de Corpes  entraron los de Carrión,
los robles tocan las nubes,   ¡tan altas las ramas son! 
Las bestias fieras andan alrededor.  Hallaron una fuente en un vergel en flor;
mandaron plantar la tienda  los infantes de Carrión,
allí pasaron la noche   con cuantos con ellos son; 
con sus mujeres en brazos   demuéstranles amor;
¡mal amor les mostraron    en cuanto salió el sol!

 Todos se habían ido, ellos cuatro solos son,
así lo habían pensado   los infantes de Carrión:
«Aquí en estos fieros bosques,   doña Elvira y doña Sol,
«vais a ser escarnecidas,   no debéis dudarlo, no.
«Nosotros nos partiremos,   aquí quedaréis las dos;
«no tendréis parte   en tierras de Carrión. 
«Llegarán las nuevas   al Cid Campeador, 
«así nos vengaremos   por lo del león». 
Los mantos y las pieles   les quitan los de Carrión,
con sólo las camisas   desnudas quedan las dos, 
los malos traidores llevan   zapatos con espolón,
las cinchas de sus caballos   ásperas y fuertes son. 
Cuando esto vieron las damas   así hablaba doña Sol:
«Don Diego y don Fernando,   os rogamos por Dios,
«dos espadas tenéis,   fuertes y afiladas son,
«el nombre de una es Colada,   a la otra dicen Tizón,
«cortadnos las cabezas,   mártires seremos nos.
« Moros y cristianos   hablarán de vuestra acción,
« dirán que no merecimos   el trato que nos dais vos.
«Esta acción tan perversa   no la hagáis con nos
«si así nos deshonráis,   os deshonraréis los dos; 
«ante el tribunal del rey   os demandarán a vos». 
Lo que ruegan las dueñas   de nada les sirvió.
Comienzan a golpearlas   los infantes de Carrión;
con las cinchas de cuero   las golpean sin compasión;
así el dolor es mayor, los infantes de Carrión:
de las crueles heridas   limpia la sangre brotó.
Si el cuerpo mucho les duele,   más les duele el corazón. 
¡Qué ventura tan grande   si quisiera el Criador
que en este punto llegase   mio Cid el Campeador!

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